Arrancamos el día un poco más tarde de lo planeado, pero con buena justificación: llegamos a Pekín a la 1 de la mañana y, entre aterrizar, acomodarnos y procesar los 34 grados de diferencia térmica, nos terminamos acostando cerca de las 2:30.
Como no podía ser de otra manera, la primera parada oficial fue en Miniso. Sí, otra vez. ¿Y qué? Igual, cada vez que entrás tiene cosas nuevas que mágicamente necesitás para seguir viviendo.
El día estaba increíble: a puro sol, cielo despejado y mucho menos frío de lo que esperábamos. Así que improvisamos plan y fuimos al Lago Houhai, donde en teoría había una pista de hielo natural. Sabíamos que con ese clima el lago congelado era más deseo que realidad, pero igual fue un planazo.
Houhai es una zona hermosa para caminar, rodeada de Hutongs (los barrios tradicionales de Pekín), con callecitas angostas, casas bajas, puertas decoradas y bares en los que podés sentarte a tomar algo acompañado por un gato.
Todo alrededor del lago es muy cool, con puestos de comida, gente paseando y tomándose fotos. Básicamente, son los Bosques de Palermo versión china, pero sin runners.
Obviamente, había que comer. Probamos pinchos de cordero, dumplings y la estrella del día: algo que mi amigo Gemini me tradujo como "los clavos de puerta" (Méndīng ròubǐng). Para explicarlo en criollo: son como unas empanadas de masa de trigo, rellenas de carne y cebolla de verdeo, fritas y con mucho jugo. Se llaman así porque su forma redonda recuerda a los tachones dorados de las puertas de los palacios imperiales.
Después de caminar un rato, encaramos rumbo a Joy City, un shopping famoso por tener la escalera mecánica más larga del mundo (o al menos eso dicen). La escalera es larguísima, sí, pero no sé si la más larga... dato inchequeable.
El shopping fue medio un fiasco. Poco para ver y la gran atracción terminó siendo una tienda de Lego. Esta vez, nuestro "agente de viajes" (la IA) la pifió fuerte.
Dimos vueltas un rato y decidimos vivir la experiencia local de pedir un café en Luckin Coffee, como cualquier chino promedio. El pequeño problema es que el pedido se hace solo por WeChat, con una mini app 100% en chino, idioma que ya imaginarán que no dominamos.
Tardamos una hora entera en entender cómo hacer el pedido: escanear, volver atrás, tocar botones al azar, convencernos de que ya estaba, dudar otra vez y repetir. Cuando finalmente lo logramos, nos sentamos orgullosos… pero un rato bastante largo después descubrimos que el café estaba listo hacía tiempo, así que el resultado fue bebernos el triunfo frío.
Cerca de las 5 de la tarde el sol empezó a bajar y arrancamos la vuelta, pero oh casualidad, a una cuadra apareció otro Miniso. Parada obligatoria. Y sí, había cosas nuevas. Y sí, otra vez QR, Alipay y adentro.
La última misión de compras era pasar por una tienda de souvenirs para ver si I se compraba un vestido chino tradicional (Qipao) para su outfit, usando la plata que viene juntando del Ratón Pérez. Pero cuando la plata sale del bolsillo propio, el análisis financiero de una niña se vuelve minucioso y no hubo compra (aunque sí alguna baratija más, porque eso nunca falta).
Primero quisimos probar un nuevo lugar para salir de lo habitual, pero era una "turisteada" total y salía 100 yuanes más caro que donde veníamos comiendo siempre. Así que volvimos a lo seguro (o eso creíamos).
El pato llegó: rico, pero para mí tenía tamaño paloma, así que tuvimos que pedir dos. Lo sirven desarmado, con unas tortillas finitas tipo taco, salsas y verduras para armarte el rollito. A los adultos nos gustó, pero no fue un "platazo". B e I comieron también; las más chicas fueron a lo seguro con dumplings.
La verdad que, por 168 yuanes, un "pato-paloma" podría haber sido mejor.
Eso sí, creemos que por comer el pato más barato de Pekín, los 8 nos llevamos un resfrío de recuerdo, porque inexplicablemente hacía más frío adentro del local que afuera. El final fue una cena a las apuradas, tiritando y con las camperas puestas.
Mi conclusión de Pekín: me deja un sabor muy lindo. Es un contraste radical con Bangkok.
Pekín es silenciosa, ordenada, sin contaminación visual.
Bangkok es ruido, manojos de cables colgando y caos permanente.












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