25/09/2021

EU2021 - Día 1 - El viaje/Madrid/Toledo - 25/09/2021

by G

Arrancamos con la adrenalina al taco.
Bastó con poner un pie en el aeropuerto para encontrarnos con que habíamos olvidado el cochecito de Clara. Después de Clara y Bruno, el cochecito claramente estaba en 3er lugar de prioridad (Aclaración: Bruno y Clara ya estaban con nosotros).
Minuto de tensión, pensamos y actuamos rápido. Levantamos el teléfono y un ángel salvador estaba ahí para decir presente...
De todas maneras, la historieta no terminó ahí, ya que al llegar nos encontramos con que nos habíamos olvidado llenar la declaración jurada... En realidad no era "la" declaración jurada, sino "las declaraciones juradas". Sí, señores, para salir del país tuvimos que llenar una declaración por persona para Argentina y lo mismo para España. En nuestro caso, OCHO declaraciones juradas.
Una cosa de locos... Luchando con la "internet que iba y venía", completamos los 8 malditos formularios y ahí fuimos.

El boarding nos esperaba con colas largas que pudimos evitar por estar viajando con infantes. (Inferencia alentadora: Viajen con niños que todo es más fácil).

Con B al grito de "me gusta" y "qué lindo el avión", embarcamos.

 

En el aire aprendí algo nuevo. Es increíble cómo 4 personas pueden caber en 3 asientos (sí, Clara es un bebé, con tamaño de bebé, pero que intentaba ocupar los 3 lugares). Cuando pensás que llegaste a lo imposible, te acordás que tenés que dormir (bue, "dormir") con un barbijo puesto, con un flaco al lado al que no le gusta apagar la pantallita cuando el avión está a oscuras, y con un chamamé de alarma que alguien se olvidó desactivar. ¿Posta? ¿Un chamamé? ¿Quién se despierta con un chamamé?
Así la llevamos, tiesos para no romper el Tetris humano que habíamos logrado armar.


Claramente en un momento de la noche, todas las piezas del Tetris se fueron al piso. Bruno se despertó, Clarita se despertó, los 4 nos despertamos... el avión se despertó. Un par de horas antes de que nos despertasen con el desayuno logramos dormir nuevamente.

Cansados, llegamos. Los 4. Un éxito.

Cuando uno alquila un auto, asume riesgos. Al menos nosotros que tratamos siempre de ir por la opción más económica. Un Opel Corsa parecía razonable para las callejuelas que íbamos a tener que atravesar. Tal vez pecamos de pensar que era también una opción que a lo sumo nos dieran un tamaño superior en caso de no tener el Corsa disponible. Pero ese no fue el caso de Sixt. No solo no nos dieron uno más grande, sino que nos dieron un Kia Picanto.
Para los que no lo conozcan como yo, tras googlearlo se van a encontrar con un karting "símil auto". Esto no se puede llamar auto. Esto es el café instantáneo del café, es la milanesa de soja de la milanesa, es la hamburguesa de garbanzos. Este karting que para la alegría de Bruno era "azul" (celeste en realidad), genera la sensación de que uno va por la calle disfrazado de pitufo.
Fue ahí cuando entendimos lo dañino y cruel que podía terminar siendo el término "Opel Corsa o similar".

Así que después del aéreo, las 2 horas de espera para que nos den el auto, nos metimos al pequeño pitufo en búsqueda del segundo objetivo. Conseguir una SIM. El SIM que en el aeropuerto nos lo querían cobrar 40€ y que en la oficina de Orange sale 20€, en un locutorio se puede terminar consiguiendo por 10€. 25 GB por 10€ no está nada mal, solo hay que saber dónde comprarlo.

Nuestra segunda parada fue en Madrid, cerca del aeropuerto. Un depto de una amiga (¡gracias M!) donde pudimos dejar algunas cosas y parte del auto. Sí, desarmamos parte del auto para poder tener algo más de lugar.

Con los chicos fusilados y dormidos aprovechamos para ir a Toledo, una ciudad medieval a unos 80 km al sur de Madrid.
Siendo las 16:00 local, dejamos las cosas en lo de Ricardo y salimos a dar vueltas con la batería en rojo.


Nos encontramos con una ciudad amurallada donde lo godo se enfrenta con lo romano, y lo árabe se codea con lo judío; donde al lado de la iglesia se erige una mezquita. Sin dudarlo, una ciudad que vale la pena conocer. De todas maneras, lo que más me llamó la atención de esta ciudad fue un pequeño local, metido en una de sus mil diminutas callejuelas. El local era una pollería ("La Pollería"). Una pollería que no vendía pollos ni derivados del pollo. En el lugar vendían unos gofres (una especie de waffles), pero con forma de "polla". :S

Luego del paseo, regresamos con unos víveres al hospedaje a finalmente dormir en posición horizontal.

 

   

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