sábado, 3 de agosto de 2019

EU2019 - Dia 2 - Río - 03/08/2019

by G

Resignamos calidad de departamento por cercanía a la playa. Así fue como terminamos en un dto caracterizado en los años 80 con algo de humedad y puertas de 50cm (es acaso eso legal?) Y alguna que otra cucaracha.

Todas estas consesiones se pagarían con creces al momento de abrir la ventana y ver la playa... Al momento de bajar del departamento, caminar 30m y estar en una fabulosa arena blanca, con aguas claras y morochos vendiendo queijo na brasa.

 Pero no contaríamos con Tlaloc (Dios de la lluvia). Algún desconsiderado de por acá se ve que le estuvo rezando con ganas, motivo por el cual nos clavo agua en los únicos dos días que estaríamos x acá.
Río es un lugar que tiene mucho para ofrecer la mayoría del tiempo, pero muy poco cuando el clima es adverso.
Guardamos la malla, sacamos el pilotin y salimos.
Una fugaz aproximación a la playa bastó para estar empapados. Viento, agua y frío. La arena, el sol, el mar azul, contigo yo y conmigo tú quedaron no se donde.


Personalmente vi la opción de abortar, pero se ve que el hecho de imaginar a B durante 48hs en esos aposentos hicieron que L tome fuerzas y diga "vamos igual!".

Nos metimos bajo la tierra y agarramos el primer metro que paso. B maravillado no paro de gritar "tren, tren, tren".

Bajamos dónde estaba la biblioteca nacional (entrada libre y gratuita) y fuimos en búsqueda de las escalinatas de Selaron (cómo si hubiera algo que le guste más a B que subir escaleras...)

En el camino, el barrio de Lapa nos mostró mucho deus, mucho colonial y mucho homeless.

 Eran pasadas las 13 y B se empezaba a poner fastidioso del hambre. Caminando bajo la lluvia todo es más difícil. Hasta que en un momento no aguanto la indefinición de los padres y se metió sólo a un restaurante. Era el lugar donde comer... no lo pudimos sacar.

Si bien no eligió un lugar para nada gasolero, comimos como los dioses. Un risotto de camarones y un filete de bacalao con salsa de aceitunas negras, con arroz con un pesto de brocoli, acompañado de una cerveza bohemia que no está mal.

Con energías renovadas caminamos hasta el museo del mañana. Una imponente estructura a orillas del agua pero cuya parte exterior no tiene techo.
Hicimos 20 minutos de cola, hasta llegar a 1m de la puerta. Ahí se nos acerca un morocho y nos dice "en brasil, as crianças não se alinham". Lo podría haber dicho antes no?

Dentro no es la gran cosa, pero las experiencias audiovisuales, junto con la idea de tirarse al piso para ver todo, a B le encanto.



 17hs, afuera del museo y la lluvia no paraba. Solo nos quedó volver a nuestra morada, comprar algo en el super, comer y dormir.

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