by G
Hoy dejamos Río. Por suerte la mañana nos recibió sin lluvia.
Luego de un desayuno y haber dejado listas las mochilas, salimos a dar una vuelta.
De repente todos los berrinches, revolcones y llantos quedaron compensados con el solo hecho de ver la cara de B cuando se pudo aproximar al agua y mandarle un beso a Te Fiti.
Y no saben lo que fue cuando en la puerta del Fuerte de Copacabana se encontró con un "granadero" local. Era morocho y poco gauchezco, pero a B no le importó y no dejó de gritarle "San Martín, San Martín". Debo reconocer que la situación ademas me sacó una sonrisa. En la puerta del fuerte había un graffiti que recordaba el 0-1 ante Alemania en la final del mundial.
Caminando por la costa llegamos hasta Ipanema. El paisaje mejoró bastante. Gente más "tipo na" y hoteles un tanto más modernos (ponele que eran de los 90), enmarcaban el paisaje nublado pero sin agua en nuestras cabezas.
Luego del paseo costero encaramos para la Plaza General Osório que tenía una feria repleta de arte, hippismo y los ya clásicos homeless que aquí también estaban.
Después de un intento frustrado de hacer una parada estratégica en un Starbucks (el fuego se hizo presente nuevamente), paramos en otra plaza. Esta era una plaza para niños donde B se hizo de 5 amiguitos. Como los pequeños no respondían al grito de "chico, vení", B optó por agarrarlos de la mano y sacarlos a pasear a la fuerza. El pichón de dictador estaba en su salsa.
Pasado el mediodía decidimos regresar a Copacabana para darle una segunda oportunidad. Ya sin tanta basura en la calle y con menos lluvia pudimos recorrer una zona residencial que claramente mejoró nuestra primer impresión.
Eso sí... farmacia por doquier. No serán un poco hipocondríacos estos pibes?
A las 15 hs, 7 hs antes de que saliera nuestro avión, casi que expulsados de la ciudad por una lluvia ya insostenible, decidimos encarar para el aeropuerto. El único dato que no tuvimos en cuenta es que el checkin arrancaba 3 hs antes del vuelo que salía a las 22.
Por suerte encontramos un salón vip al que pudimos entrar del lado de afuera del aeropuerto. L se bañó, B comió y yo sonreí.
Luego procedimos al checkin y nuevamente a otro salón. Sólo que en esta oportunidad la suerte fue otra. Creo que la música funcional alteró a la criatura. Fue eso o lo puso nervioso la calma que se respiraba en el aire. La cosa es que fueron 2 horas de correteo, volcar vasos, gritos, llantos, gente mirando y L preguntándose qué fue lo que hicimos mal.
Intentamos con la tablet, con unos crayones para pintar que salieron a comprar para nosotros, hablando bien, hablando mal. Nada funcionó. La fiera estaba enfurecida.

Hoy dejamos Río. Por suerte la mañana nos recibió sin lluvia.
Luego de un desayuno y haber dejado listas las mochilas, salimos a dar una vuelta.
De repente todos los berrinches, revolcones y llantos quedaron compensados con el solo hecho de ver la cara de B cuando se pudo aproximar al agua y mandarle un beso a Te Fiti.
Y no saben lo que fue cuando en la puerta del Fuerte de Copacabana se encontró con un "granadero" local. Era morocho y poco gauchezco, pero a B no le importó y no dejó de gritarle "San Martín, San Martín". Debo reconocer que la situación ademas me sacó una sonrisa. En la puerta del fuerte había un graffiti que recordaba el 0-1 ante Alemania en la final del mundial.
Caminando por la costa llegamos hasta Ipanema. El paisaje mejoró bastante. Gente más "tipo na" y hoteles un tanto más modernos (ponele que eran de los 90), enmarcaban el paisaje nublado pero sin agua en nuestras cabezas.
Luego del paseo costero encaramos para la Plaza General Osório que tenía una feria repleta de arte, hippismo y los ya clásicos homeless que aquí también estaban.
Después de un intento frustrado de hacer una parada estratégica en un Starbucks (el fuego se hizo presente nuevamente), paramos en otra plaza. Esta era una plaza para niños donde B se hizo de 5 amiguitos. Como los pequeños no respondían al grito de "chico, vení", B optó por agarrarlos de la mano y sacarlos a pasear a la fuerza. El pichón de dictador estaba en su salsa.
Pasado el mediodía decidimos regresar a Copacabana para darle una segunda oportunidad. Ya sin tanta basura en la calle y con menos lluvia pudimos recorrer una zona residencial que claramente mejoró nuestra primer impresión.
Eso sí... farmacia por doquier. No serán un poco hipocondríacos estos pibes?
A las 15 hs, 7 hs antes de que saliera nuestro avión, casi que expulsados de la ciudad por una lluvia ya insostenible, decidimos encarar para el aeropuerto. El único dato que no tuvimos en cuenta es que el checkin arrancaba 3 hs antes del vuelo que salía a las 22.
Por suerte encontramos un salón vip al que pudimos entrar del lado de afuera del aeropuerto. L se bañó, B comió y yo sonreí.
Luego procedimos al checkin y nuevamente a otro salón. Sólo que en esta oportunidad la suerte fue otra. Creo que la música funcional alteró a la criatura. Fue eso o lo puso nervioso la calma que se respiraba en el aire. La cosa es que fueron 2 horas de correteo, volcar vasos, gritos, llantos, gente mirando y L preguntándose qué fue lo que hicimos mal.
Intentamos con la tablet, con unos crayones para pintar que salieron a comprar para nosotros, hablando bien, hablando mal. Nada funcionó. La fiera estaba enfurecida.

La historia sigue mañana.





Muy genial, armate un collage con la foto en el primer avión, con los in-ear y esta última. El cambio de cara de L lo dice todo.
ResponderEliminarJa, estoy esperando la foto en el viaje de vuelta!
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