by G
¡¡¡Último día!!!
Nuestro avión saldría a las 20:30. Estamos a 120 km, por lo que buscaríamos aprovechar para visitar Gruyères y luego volver a casa.
Nos levantamos temprano, nos despedimos de nuestros compañeros de hospedaje, agarramos la máquina y arrancamos.
A tan solo 500 m tendríamos un estacionamiento enorme desde el cual saldrían muchos senderos. Todos no aptos para peques. Veíamos llegar a la gente con zapatillas de trekking, palitos y hasta con cascos. Nosotros no solo no teníamos zapatillas apropiadas, sino que tendríamos un pequeño infante que acarrear. Subir en el funicular junto con los "chicos de la cuarta edad" fue lo que nos recomendaron en la información turística. L, no pudo con su curiosidad, vio un camino que más o menos le gustó y dijo "caminemos unos minutos por acá, volvemos cuando se ponga complicado".
B a la cabeza y sin saber mucho a dónde estábamos yendo, comenzamos la caminata.
En el camino nos cruzamos con Mónica, una lugareña de no menos de 65 años que vivió 2 años en Uruguay. Manejaba muy bien el español y conocía nuestras tierras casi más que nosotros. ¡Nos contó que hace senderismo todos los días! Estaba en mejor estado que nosotros 3 juntos.
Con ella tuvimos una charla súper agradable que hizo que se pasara el tiempo volando. La charla duró hasta que el camino se bifurcó. Ella se fue por el sendero más empinado que la llevaría hasta la cima. Nosotros fuimos por el más *child friendly*. Mónica, al despedirse de nosotros, nos regaló una Victorinox para que tengamos un souvenir de Suiza. Una genia total.
Estos pequeños gestos te sacan una sonrisa y te dan ganas de seguir conociendo gente.
Al final de nuestro sendero nos encontramos con una parada del funicular (la anterior a la cima), con carteles de "a partir de este punto el uso de casco es obligatorio" y muchas vacas. Comida, mucha agua y bajamos.
Una vez abajo nos dimos cuenta de que ¡terminamos haciendo un sendero de 2:30 hs! Sí, y con B cargado en la cabeza con sus más de 16 kg.
Nuestra segunda parada fue el castillo de Gruyères. Localizado en el pueblo medieval de Gruyères, en lo alto de la montaña se ve desde lo lejos este castillo del 1200.
No le dedicaríamos más de 1 hora ya que tendríamos unos 120 km por delante y un avión que nos llevaría de vuelta a casa para terminar nuestro último día de este viaje.
¡¡¡Último día!!!
Nuestro avión saldría a las 20:30. Estamos a 120 km, por lo que buscaríamos aprovechar para visitar Gruyères y luego volver a casa.
Nos levantamos temprano, nos despedimos de nuestros compañeros de hospedaje, agarramos la máquina y arrancamos.
A tan solo 500 m tendríamos un estacionamiento enorme desde el cual saldrían muchos senderos. Todos no aptos para peques. Veíamos llegar a la gente con zapatillas de trekking, palitos y hasta con cascos. Nosotros no solo no teníamos zapatillas apropiadas, sino que tendríamos un pequeño infante que acarrear. Subir en el funicular junto con los "chicos de la cuarta edad" fue lo que nos recomendaron en la información turística. L, no pudo con su curiosidad, vio un camino que más o menos le gustó y dijo "caminemos unos minutos por acá, volvemos cuando se ponga complicado".
B a la cabeza y sin saber mucho a dónde estábamos yendo, comenzamos la caminata.
En el camino nos cruzamos con Mónica, una lugareña de no menos de 65 años que vivió 2 años en Uruguay. Manejaba muy bien el español y conocía nuestras tierras casi más que nosotros. ¡Nos contó que hace senderismo todos los días! Estaba en mejor estado que nosotros 3 juntos.
Con ella tuvimos una charla súper agradable que hizo que se pasara el tiempo volando. La charla duró hasta que el camino se bifurcó. Ella se fue por el sendero más empinado que la llevaría hasta la cima. Nosotros fuimos por el más *child friendly*. Mónica, al despedirse de nosotros, nos regaló una Victorinox para que tengamos un souvenir de Suiza. Una genia total.
Estos pequeños gestos te sacan una sonrisa y te dan ganas de seguir conociendo gente.
Al final de nuestro sendero nos encontramos con una parada del funicular (la anterior a la cima), con carteles de "a partir de este punto el uso de casco es obligatorio" y muchas vacas. Comida, mucha agua y bajamos.
Una vez abajo nos dimos cuenta de que ¡terminamos haciendo un sendero de 2:30 hs! Sí, y con B cargado en la cabeza con sus más de 16 kg.
Nuestra segunda parada fue el castillo de Gruyères. Localizado en el pueblo medieval de Gruyères, en lo alto de la montaña se ve desde lo lejos este castillo del 1200.
No le dedicaríamos más de 1 hora ya que tendríamos unos 120 km por delante y un avión que nos llevaría de vuelta a casa para terminar nuestro último día de este viaje.
Fantásticos paisaje, las flores, los pueblos, todo y enmarcado con la linda familia, B, L y G.
ResponderEliminarLos felicito y me alegro que hayan podido hacer este viaje! Gracias por compartirlo con nosotros.
Bienvenidos a casa! Besos. Tía Andre