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Nos levantamos en nuestra cabaña frente a los Picos de Europa. Las nubes bajas cubrían el valle dejando las puntas de las montañas al descubierto. Desayunamos rápido escuchando el tintineo de las campanas de las vacas. Todo muy Heidi.
El sol empezaba a calentar y partimos en busca de pañales para B (llegamos a un punto crítico donde o conseguíamos pañales con urgencia o implementábamos la nueva moda de "educar a los bebés desde bebés para que no usen pañales"). Claro que también haríamos turismo, y en este campo nuestro objetivo era visitar el puente romano en Cangas de Onís.
Esta reliquia romana fue una sorpresa ya que las montañas verdes reflejadas en las aguas del río quedan enmarcadas por el viejo puente y su crucifijo. Una monada. Su construcción se remonta al imperio romano y luego fue utilizado en tiempos del reino de Asturias como paso obligado con tal importancia económica que Cangas se transformó en sede real por muchos años.
Ya provistos de comida y pañales, arrancamos hacia los lagos de Covadonga. Cierta inquietud nos invadió cuando comenzamos a leer carteles sobre cortes intermitentes y cierre del camino a las 15. Eran las 13 y nos esperaba un camino de curvas y contracurvas por 22 largos km que el GPS estimaba en 1 hora... Llegaríamos a pegar la vuelta?
Sin nadie a quien preguntar, comenzamos el ascenso. No solo eran curvas, sino que nos sorprendieron los caminos de cornisa, camiones inmensos que bloqueaban las curvas y pendientes pronunciadísimas. Vacas, cabritos sueltos por doquier invadían la ruta y las laderas rocosas de las montañas.
Sobre las 14 logramos llegar al lago Enol. Teniendo en cuenta nuestro ajustado itinerario, decidimos acampar a la orilla disfrutando del aire puro y frío. Rápidamente recordamos que la carretera cerraba por reparación. Faltando 15 min comenzamos a bajar... Llegaríamos a tiempo o deberíamos aguardar hasta la reapertura a las 18?
Por suerte lo logramos, y abandonamos la región visitando el monasterio de Covadonga (siglo XIX).
Un largo camino nos esperaba para llegar a nuestro nuevo destino en Cantabria: Santillana del Mar. De camino pasamos por Comillas, un pueblo que nos sorprendió por su encanto. Nos deleitamos con unos churros con chocolate en la plaza de armas (difícil elección entre sobaos y corbatas, todas delicias asturianas).
Luego visitamos el Capricho de Gaudí, una casa espectacular que diseñó y construyó para un abogado adinerado del pueblo que no decepciona en absoluto.







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