by G
¡Ya nos estamos acomodando al jet lag! Hoy nos levantamos 7:30. Siendo las 9 ya estábamos camino a Nara. Con un sol radiante y una promesa de poca gente, naturaleza y ciervos el inicio no podía ser mejor.
Viendo desde el tren pasar estas ciudades de escala Playmobil, con sus pequeñas camionetas, pequeños vagones de carga y súper peques camiones de bomberos, llegamos a Nara.
Salimos de la estación y teníamos por delante una caminata de 30 min hasta llegar al parque de Nara.
En el camino, pasamos por el templo de Kōfuku-ji. Un templo budista del 669 que tiene la segunda pagoda más alta de todo Japón.
Llegar al parque fue encontrarse con naturaleza, ciervos sueltos y mucha gente. Compramos pochoclos para alimentar a los bichos y B repartió la mitad entre los ciervos y la otra mitad para él.
Todo estaba muy lindo. Sol, ciervos amistosos, parque... hasta que B comenzó a llorar al grito de "ay ay ay". Buscamos los baños donde cambiarlo y encontramos un baño de discapacitados y para la familia. Con razón estaba gritando el pobrecito, estaba todo paspado y con el culo rojo... Hipoglós y a seguir. La mamá y B se retiran del baño y yo no tuve mejor idea que, ya que estábamos ahí, hacer un pis. Un simple pis. Decisión de la que después me terminaría arrepintiendo.
Con B y L ya afuera del lugar, hice mi pis en el inodoro tecnológico de discapacitados. Eso sí, como corresponde, apreté el botón. El problema fue que el botón no solo no se llevó el pis, sino que hizo sonar una alarma. Habiendo intentado apagarla durante 20 segundos decidí abandonar la escena. Al salir del habitáculo me encontré con una familia con un bebé en brazos queriendo entrar... Al verme salir a mí solo, con la sirena sonando, me pusieron cara extraña. "¿Qué estará haciendo este fulano en este baño? ¿Y por qué suena la alarma?", se habrán preguntado. Con mi mejor cara de boludo, les tiré una sonrisa y salí. Ahí no pasó nada. Todo hubiera quedado no tan mal, si no fuese por las dos sirenas girando con sonido tirando luces amarillas de alerta. Avergonzado y sin saber qué hacer, todo ahí dentro estaba escrito en japonés y la gente no me iba a entender ni medio aunque intentara explicarles que mi intención era simplemente tirar la cadena para que se fuera el maldito pis, abandoné la escena.
Dentro del parque está el templo Tōdai-ji que tiene un gran buda. Un enorme gordo sentado de 15 m de alto con 2 más peques a los costados y 2 guardianes en la retaguardia. La entrada es paga, pero vale la pena.
En la entrada un enorme estanque con peces y tortugas.
Un apartado para los peces y el agua... Algo que nos llamó la atención en este viaje es cómo los japoneses en cada pequeño rincón donde pueden armar un corredor de agua o un lago, crían grandes peces de colores. Y cuando pueden también es común encontrar tortugas. Lo más raro de todo es que los peces están tan entrenados para manguear comida que cuando ven a una persona se acercan y abren la boca.
Volviendo de ver al gordo paramos a comer algo y a jugar con los ciervos hasta que otra vez B comenzó a quejarse. Como si todo hubiera estado premeditado el baño más cercano fue el del evento antes mencionado. Repetimos el proceso, no hice pis, y a mi salida aproveché a sacarle una foto a la sirena.
En el camino de vuelta, algo me llamó la atención. Una imagen ya repetida. Turistas occidentales que alquilaron un kimono por un día y salir a la calle a conocer la ciudad vestidos así. Si alguno de Uds lo hizo o lo piensa hacer, no son dignos de mi respeto.
La excursión de Nara muy recomendable. Se puede hacer en 1/2 día apurado, o te lleva 1 día si vas tranqui y con chicos.
Con un ratito de más, fuimos a un súper que tenemos a la vuelta. Es un gran gran supermercado que se llama Central Square. Una locura. Nuestros seguidores saben que nos encanta entrar a los supermercados y este fue el lugar. No solo eso, sino los precios también mucho más convenientes que los 7-Eleven o FamilyMart.
B y los ciervos








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