by L
7.00 am, suena la alarma. ¡#@$%!!!
Esto de bucear a veces es una pesadilla. Aun con el cansancio acumulado del año, Londres fulminante, nos levantamos con mucho pesar… qué buena estaba la cama.
Desayuno rápido y liviano (les recuerdo que nos esperaba un bote, sabrán entender), salimos del hotel donde Samir, nuestro tachero, ya nos esperaba para llevarnos al centro de buceo.
Comienza nuestro recorrido de 10 km hacia el centro. La verdad es que nosotros estamos ubicados, entiendo, en una zona exclusiva (mamita…) porque Samir nos llevó por la calle “principal” sobre la que se podían ver hoteles abandonados y a media construcción o cerrados por la escasez de turismo.
Pasamos por la gran mezquita, la marina, y de a poco nos fuimos metiendo en el verdadero Hurghada… pobre, muy pobre, donde estaba nuestro centro de buceo New Bijou Soon.
La verdad es que el aspecto dejaba que desear… ¿a estos tipos vamos a dejarles nuestras vidas en sus manos? Pero la calidez de Lidjia (la esposa eslovaca de Ahmed), Ahmed y su hijo Adam, se robaron nuestro corazón.
No tardaron en llegar un vietnamita que vivía hace años en Texas, Kit, yanqui, y Nadia y Racheal, inglesas. Tras probarnos nuestros trajes, partimos con destino a la Marina, donde un gran barco nos esperaba junto a otros grupos de buceo y sus respectivos instructores.
Mar Rojo adentro, tras 1 hora, nos encontramos en un spot con varios pináculos: GOTA ABA RAMADA, el cual sería nuestro objeto de exploración todo el día.
Antes de llegar, tuvimos nuestro segundo desayuno… una especie de pan muy finito y con capas, tan grasoso como rico llamado FATIR, el cual se usa como cuchara para untar un queso feta bastante líquido y miel quemada. A mí que lo dulce mucho no me va, el fatir y el queso valían la pena.
Pobre G, por primera vez anunciaba no sentirse “muy bien”… sin embargo bajó. La verdad, para quienes bucean, cero corriente, un buceo muy sencillo pero lo más triste es que no había mucho para ver.
Esta vez sí gustó... un mar repleto de corales de colores lilas, verdes, celestes, algunos con forma de ramas, otros tipo esponjas (los biólogos sepan disculpar la ignorancia) y lleno de peces de colores.
No sabemos si luego de Tailandia e Indonesia tenemos la vara muy alta pero: pocos peces, chicos y en pequeño número, coral bastante monótono y pobre, y encima el agua fría. A destacarse: tortugas, morenas, algún boxfish (unos peces tipo caja por lo cuadrados que son la obsesión de G).
Algún pez Napoleón (se llaman así por el copete... y seguramente en forma irónica por el tamaño descomunal... llegan a medir hasta 2 m de largo), algún stonefish intentando camuflarse con las rocas, rayas y lionfish… ¡un aplauso para el mar rojo!
Lo que sí, quien les escribe, no pudo más con su ansiedad, que a la mitad del buceo le tuve que pedir SOS a Ahmed, ya que me restaban solo 70 bar de aire. Sin problemas, del brazo del instructor, cambiamos el regulador para respirar juntos de su botella. Ah, nota de color, sin color: ¡luego me enteraría que G cambió su regulador por el mío, por lo cual había estado usando el vomitado!
Almuerzo y de nuevo abajo. El segundo buceo, mismo lugar pero el margen norte, bajamos con la misión de ver al pez Napoleón más grande, miles de morenas (totalmente cierto, de hecho, las vimos de a pares y gigantes), y más corales.
Esta vez buceamos 70 min a unos 16 m!!!! ¡Muy bien! El tiempo se hizo sentir, ya que pese a mi traje de 5 mm y mi remera, ¡qué manera de tiritar del frío!
Foto del grupete.
La verdad que esta vez sí que resultó precioso, y lo mejor es haber escapado de los 40 y tantos grados del día de hoy (ahora son las 18.40 y hace 43!!!!).
Mañana el plan alternativo a seguir buceando en Hurghada era ir a Marsa Alam. Destino de buceo al sur donde se pueden ver dugongs pero el costo por cabeza nos hizo desistir...
Así que mañana continuaremos el relato del paraíso acuático del mar rojo!






















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