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Lo primero que hay que tener en cuenta al visitar un país como Egipto es que nada es fácil y nada es como te dicen de entrada. Entonces va mi primer consejo: nunca te quedes con la primera propuesta, aun si te parece razonable. Camina, pregunta a distintas personas lo mismo (mejor si ven que estás chequeando precios, eso hará que comiencen a discutir entre ellos bajando el precio), investiga en internet. Aun cuando hayan llegado al precio justo, da la vuelta y hacé que te vas. ¡Podés llegar a conseguir aún mejor precio!
No es que lo hagan de mala voluntad. Bah, un poco sí. Te ven turista y piensan que tenés miles de dólares. También es su forma de vida. Ellos mismos regatean todo.
Esto viene a que en nuestro hotel en Aswan, por ejemplo, por una excursión de medio día nos querían cobrar el doble (o más) por algo que, si sos aventurero y te animás a hacerlo por cuenta propia, lo conseguís por la mitad. Eso sí, tenés que lidiar con ellos, regatear, ofenderte y hasta hacerte mala sangre muchas veces. Es parte de vivir Egipto.
Tras desayunar en nuestro nuevo y transitorio hogar y recibir ciertos números que no nos cerraban, decidimos cruzar al East Bank para evaluar nuestras alternativas.
Esta vez me senté en el bote con las mujeres y G con los hombres. Tras cruzar nos dirigimos a la estación de tren en busca de la oficina de turismo donde nos avivaron de los precios reales. Con ellos en la cabeza, salimos en busca de un taxi con destino al templo de Philae.
El lugar resultó increíble. Claramente allí nos querían garcar (y seguro nos marcaron) otra vez para cruzar con el bote. Dos niños fueron los responsables de llevarnos a lo que resultó una hermosa sorpresa.
El templo del 690 BC ocupa toda una pequeña isla, sin turistas, en medio del Nilo. Pudimos meter los pies en el río para relajarnos un poco. Súper recomendable.
Luego hicimos una pasada rápida por el obelisco sin terminar pese al consejo, esta vez sincero de nuestro taxista, que resultó ser un total fiasco, así que no vayan.
De vuelta a la ciudad nos perdimos en el mercado (souq) de Aswan, entre especias y tés de distintas hierbas. Un espectáculo para los amantes de la cocina y para mí, que me encanta imaginarme lo que voy a comer!
Tras recargar energías con un deleite de panificados rellenos de dátiles y miel, aceptamos la propuesta de un cachelette (carro llevado por caballos) hasta la estación de buses... mala decisión. Lo que sufrimos esos 5 km que nos separaban... cómo le pegaban al pobre caballo... mala decisión. No veíamos la hora de que termine la pesadilla para el caballo, que con 42 grados ya no podía más, y nosotros por ser los responsables de su tortura....
Tanto sufrimiento y la boletería cerrada. Eso implicaba levantarse al amanecer para comprar los tickets para ir a Abu Simbel.
Nos acercamos al río, en busca de nuestro amigo Gamal, dueño de la felucca Boob Marley (barco a vela que usan los egipcios desde la antigüedad)… durante una hora disfrutamos de la tranquilidad y frescura del Nilo viendo el atardecer…
Vuelta al mercado con el objetivo de cargarnos de provisiones para la aventura del día siguiente, encontramos un mercado sumamente distinto al de la tarde. Caída la noche, todo Aswan estaba en la calle, haciendo las compras, paseando, divirtiéndose, ¡nosotros nos deleitamos con unos shawarma de dorapa! Para que tengan una idea…



















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