by G
Hoy iniciamos el viaje rutero con los chicos. Para eso teníamos que pasar a buscar nuestro medio de transporte. Ale había reservado el coche más barato del listado, pero al llegar al local de alquiler nos encontramos con una grata sorpresa.
Como no tenían nuestro coche, nos terminaron dando un Ford C-MAX. No existe en Argentina. Es un bote ENORME con capacidad para 7 personas que viene con todos los chiches...
Y cuando digo todos los chiches, son TODOS los chiches… comando por voz, espejos que se cierran cuando apagás el auto, GPS incorporado, miles de botones en el volante y hasta se apaga el motor cuando el auto está en punto muerto. SÍ, SE APAGA (RPM = 0)… tardamos un poco en darnos cuenta de que lo hacía a propósito.
Obviamente que cuando pasamos a buscar a las chicas tardamos un rato en reconocerles que “ese” era nuestro auto. Luego de escuchar durante un rato “…¿eso les dieron?...”, “…¿no era 4 puertas?...” confesamos.
Motores encendidos, autopistas sin límite por delante. Nuestra primera parada fue en Wurzburg. Luego de pasar por el “toiletten” y conocer la Residenz (residencia de príncipes obispos del 1300), deambulamos por la ciudad, juntamos energías y subimos el interminable camino hasta el “Marienberg Fortress” (una fortaleza del 1200).
Desde la cual se puede tener una muy linda vista de la ciudad. No muy impactados con esta ciudad, iniciamos el rumbo hacia Rothenburg ob der Tauber.
Manejar en Alemania es extraño. Todo el mundo respeta la máximas (incluso cuando son de 20 km/h) y las prioridades a rajatabla; hay carteles por todos lados, muchas señalizaciones en el asfalto y cuando no hay límite andan fuerte.
Ahh, a este punto, otra cosa que aprendimos del auto es que los asientos se calientan… y en el máximo te hacen traspirar seriamente. Nos costó darnos cuenta de eso… sudamos.. pero valió la pena el aprendizaje (apagamos el botón).
Al llegar a RTB nos encontramos con un pequeño pueblo quedado en el tiempo. Particularmente deshabitado y por momentos fantasmagórico. No era muy tarde (llegamos a eso de las 20), pero ya no había nadie en la calle. Es por este motivo que antes de salir a perdernos en la ciudad, con L tuvimos que prepararnos para la ocasión. ¡Pero no somos los gemelos fantásticos, somos L y G vestidos con nuestra ropa térmica!
La ciudad es realmente muy linda y su pequeño tamaño nos permitió recorrerla rápidamente.
Como no podía ser de otra manera terminamos escapándole al frío y cenando comida típica del lugar en un restaurant-hotel que solo estaba abierto para nosotros.
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