by G
Nos levantamos temprano, saludamos al Houda (que le faltaban todos los dientes), y caminamos 100 m hasta la plaza donde esperábamos encontrar el bus que nos dejara en Merzouga, desde donde iniciaríamos nuestra aventura a la puerta del Sahara.
En la parada nos hicimos amigos de una pareja francesa de largos 50 años. Al principio pensamos que él era árabe (porque a nuestro entender hablaba muy bien), pero después terminamos sabiendo que eran unos franceses que habían vivido 20 años en Argelia.
Haberlo conocido nos facilitó el resto del viaje, ya que auspició de guía, traductor y negociador.
No vamos a olvidar la manera en que se peleó con los “maleteros” marroquíes para que no nos cobren de más (¡A LOS GRITOS! y gesticulando como hacen los árabes) y cómo nos consiguió un bus (por tan solo 5 DH) con el que hicimos la conexión Erfoud-Rissani.
Sobre el bus, conocimos a Elena y Christoph (dos jóvenes alemanes de Friburgo que estaban dando vueltas por Marruecos).
Llegamos a Rissani a las 13 hs… no teníamos tiempo que perder. El reloj hacía tic tac, pensábamos que a las 14 hs salían las excursiones desde Merzouga. Teníamos nuestro contacto (provisto por Sara y Darío) por 400, pero los alemanes no tardaron en ponerse en contacto con el suyo que en teoría nos iba a pedir 250.
Cuando llegó “el contacto” (Mohamed, como la mayoría de los marroquíes) lo invitamos a sentarse con nosotros. Su primera oferta fue 400 DH… Lu y yo estábamos cansados del juego marroquí, pero por suerte Christoph no. Firme en su postura, le ofreció 250. Luego de un rato, cerramos en 275.
Rápidamente, por 15 DH, ya estábamos en camino a Merzouga.
En el camino, el paisaje seco como siempre se fue transformando ante nuestros ojos. De la soledad de la carretera al desierto negro, hasta finalmente poder divisar las primeras dunas doradas del desierto.
Llegamos al riad, tiramos las mochilas y luego de un rato estábamos listos para conocer a nuestros nuevos amigos: Bob Marley, Alpha Blondy, Jimmy Hendrix, Bob Dylan y Akour. Los primeros 4 eran nuestros camellos y el último, nuestro guía bereber.
[Image of Merzouga desert dunes in Morocco]
Lu no tardó en hacerse amiga. Salimos los 4 en caravana, con Akour al frente y yo al final. Tras 1 hora y media de “cabalgata”, llegamos a lo que sería nuestro hogar por esa noche. Se trataba de una haima (una tienda bereber insertada en el medio de las dunas).
Akour resultó ser un personaje bastante servicial y a la vez especial. Al llegar, su primera pregunta fue: “¿Y? ¿Trajeron porrito?”.
Terminamos la noche durmiendo bajo las estrellas (literalmente) tras una rica comida, música, té y haciendo intercambio cultural de malas palabras (árabe-américo-germano).
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Nos levantamos temprano, saludamos al Houda (que le faltaban todos los dientes), y caminamos 100 m hasta la plaza donde esperábamos encontrar el bus que nos dejara en Merzouga, desde donde iniciaríamos nuestra aventura a la puerta del Sahara.
En la parada nos hicimos amigos de una pareja francesa de largos 50 años. Al principio pensamos que él era árabe (porque a nuestro entender hablaba muy bien), pero después terminamos sabiendo que eran unos franceses que habían vivido 20 años en Argelia.
Haberlo conocido nos facilitó el resto del viaje, ya que auspició de guía, traductor y negociador.
No vamos a olvidar la manera en que se peleó con los “maleteros” marroquíes para que no nos cobren de más (¡A LOS GRITOS! y gesticulando como hacen los árabes) y cómo nos consiguió un bus (por tan solo 5 DH) con el que hicimos la conexión Erfoud-Rissani.
Sobre el bus, conocimos a Elena y Christoph (dos jóvenes alemanes de Friburgo que estaban dando vueltas por Marruecos).
Llegamos a Rissani a las 13 hs… no teníamos tiempo que perder. El reloj hacía tic tac, pensábamos que a las 14 hs salían las excursiones desde Merzouga. Teníamos nuestro contacto (provisto por Sara y Darío) por 400, pero los alemanes no tardaron en ponerse en contacto con el suyo que en teoría nos iba a pedir 250.
Cuando llegó “el contacto” (Mohamed, como la mayoría de los marroquíes) lo invitamos a sentarse con nosotros. Su primera oferta fue 400 DH… Lu y yo estábamos cansados del juego marroquí, pero por suerte Christoph no. Firme en su postura, le ofreció 250. Luego de un rato, cerramos en 275.
Rápidamente, por 15 DH, ya estábamos en camino a Merzouga.
En el camino, el paisaje seco como siempre se fue transformando ante nuestros ojos. De la soledad de la carretera al desierto negro, hasta finalmente poder divisar las primeras dunas doradas del desierto.
Llegamos al riad, tiramos las mochilas y luego de un rato estábamos listos para conocer a nuestros nuevos amigos: Bob Marley, Alpha Blondy, Jimmy Hendrix, Bob Dylan y Akour. Los primeros 4 eran nuestros camellos y el último, nuestro guía bereber.
[Image of Merzouga desert dunes in Morocco]
Lu no tardó en hacerse amiga. Salimos los 4 en caravana, con Akour al frente y yo al final. Tras 1 hora y media de “cabalgata”, llegamos a lo que sería nuestro hogar por esa noche. Se trataba de una haima (una tienda bereber insertada en el medio de las dunas).
Akour resultó ser un personaje bastante servicial y a la vez especial. Al llegar, su primera pregunta fue: “¿Y? ¿Trajeron porrito?”.
Terminamos la noche durmiendo bajo las estrellas (literalmente) tras una rica comida, música, té y haciendo intercambio cultural de malas palabras (árabe-américo-germano).
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