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Dado que la noche de anoche nos acostamos tarde tras un intenso rally del juego alemán de los toritos con los chicos y el recién llegado Juli Chipelli, esta mañana nos la tomamos tranqui. G fue a dejar el auto con Ale a la agencia y, tras desayunar, salimos a despedirnos de Heidelberg. Conseguí la famosa mamadera AVENT para mi futuro sobrinito Nacho e hicimos algunas compras. También visitamos la biblioteca de Heidelberg, realmente preciosa.
Tipo 17:30. Sabri volvió del lab para acompañarnos a la estación y emprendimos la retirada con destino Dublín. Llegamos sin complicaciones al aeropuerto de Frankfurt y a las 21:40 tomamos nuestro avión de Lufthansa. Luego de dos horas de viaje, y una menos por el cambio de horario, llegamos a la húmeda Dublín que nos recibió sin transporte alguno. Allí sufrimos la segunda estafa del viaje (ver relato Rissani), ya que el taxista nos cobró extra por “la noche” y por “las valijas”. Por suerte compartimos el taxi con dos chicas más y abaratamos un poco.
Nuestro hotel se encontraba en una zona con gran actividad nocturna; de hecho, nuestro “hotel” FUNCIONABA de noche como disco... sí, disco. Gracias a Dios en el hotel te daban unos tapones para poder dormir.
Dado que la noche de anoche nos acostamos tarde tras un intenso rally del juego alemán de los toritos con los chicos y el recién llegado Juli Chipelli, esta mañana nos la tomamos tranqui. G fue a dejar el auto con Ale a la agencia y, tras desayunar, salimos a despedirnos de Heidelberg. Conseguí la famosa mamadera AVENT para mi futuro sobrinito Nacho e hicimos algunas compras. También visitamos la biblioteca de Heidelberg, realmente preciosa.
Tipo 17:30. Sabri volvió del lab para acompañarnos a la estación y emprendimos la retirada con destino Dublín. Llegamos sin complicaciones al aeropuerto de Frankfurt y a las 21:40 tomamos nuestro avión de Lufthansa. Luego de dos horas de viaje, y una menos por el cambio de horario, llegamos a la húmeda Dublín que nos recibió sin transporte alguno. Allí sufrimos la segunda estafa del viaje (ver relato Rissani), ya que el taxista nos cobró extra por “la noche” y por “las valijas”. Por suerte compartimos el taxi con dos chicas más y abaratamos un poco.
Nuestro hotel se encontraba en una zona con gran actividad nocturna; de hecho, nuestro “hotel” FUNCIONABA de noche como disco... sí, disco. Gracias a Dios en el hotel te daban unos tapones para poder dormir.
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