by G
Nuestro segundo día en Edimburgo nos despertó con NIEVE y con MUCHO FRÍO. Llegó un momento donde L (por primera vez) me tuvo que decir "limpiate que te cuelgan los mocos". Es que tenía todo congelado y no sentía nada.
La primera parada fue en el Museo Nacional de Escocia. Muy al estilo british, full interactivo y boludeces de todos los colores. Los niños, chochos. L también.
En el museo, L y Dolly se hicieron amigotas. A la salida pasamos por el lugar de las penitencias. En Edimburgo, si te enganchaban robando te estacaban de una oreja y recién te dejaban libre a las 24 hs como para que toda la gente haya tenido oportunidad de identificarte. ¡Mejor destino que si te tocaba caer en una ejecución popular donde decapitaban a la gente delante del pueblo! (A falta de internet y TV por cable, ¡sí que sabían cómo divertirse!). En el ínterin, L no se cansa de "chuzmear" negocios para ver "qué hay".
La lluvia y el viento no cesaban, pero de todas maneras seguimos la recomendación de Miguel y fuimos hasta Arthur's Seat. Desde lo alto se puede tener una vista increíble de la ciudad.
En las guías dice que la vista es “breathtaking” (que te quita el aliento). Sin desmerecer a la vista, lo que fue “breathtaking” fue subir hasta ahí. Al bajar pasamos por el nuevo parlamento. ¿Hacía falta? Edimburgo, ciudad medieval, hermosa, y de golpe un parlamento hecho por un catalán, con unas cañas al mejor estilo minimalista. Ffff.
Luego, ¿por qué sentarse a tomar un café si hay más colinas para subir? L no me lo quiso contestar... Arriba a Calton Hill. Otro lugar de donde se puede tener una muy buena vista. En el lugar tienen una serie de columnas que son el inicio de un monumento griego el cual, por cuestiones presupuestarias, nunca terminaron. Hoy es monumento nacional.
También hay un observatorio por si alguna vez se da que no llueva, que no esté el cielo cubierto y que se haya cortado la luz en la ciudad (ya que al estar tan cerca de la ciudad, la luz no deja ver ni una estrella). En resumen: ¡re útil! Por lo menos me pude sacar una foto obscena con el cañón.
La bajada de la colina fue un poco más traumática. Para hacerlo más rápido decidimos tomar el camino corto por el pasto. Pero resultó ser más rápido de lo que esperaba. Agua + Pasto + Barro + Bajada = Culipatín = Cola mojada por el resto de la jornada... No dolió, pero no está bueno andar por Edimburgo con las partes mojadas cuando hace frío.
Por suerte, por la tarde nos acompañó un poco el sol. Ah, y los secadores de mano hacen maravillas… Para finalizar el día, paseamos por ahí, jardines, fotos en el castillo y… otra vez de compras. Esta vez fue en PRIMARK. Tengo que reconocer que había algunas cosas muy baratas. Eso sí, a L hay que llevarla como a los nenes, con esas sogas retráctiles. Yo le podría agregar algo de corriente por si nos encontramos con una de esas “Super Ofertas”.
Por la noche, hicimos uso de la cocina del hostel y nos cocinamos unas ricas pastas calentitas. La conclusión de Edimburgo… una ciudad con la que quedamos encantados y no descartamos volver en un futuro.
Les dejo algunas notas:
+ Al menos en nuestro hostel, las canillas eran independientes. Una fría (helada) y otra caliente (que te quema hasta las tarlipes). ¿Tibia? Bien, gracias...
+ La cerradura iba para el otro lado. No solo manejan al revés acá.
+ Aparte de los famosos “black cabs” (taxis negros), muchos taxis eran una especie de "minivan".
+ Contrario a la creencia popular, no todo el mundo usa polleras (¿será por el chiflete?). Eso sí: que las hay, las hay.
+ Confirmamos que debajo de la falda NO LLEVAN NADA. No se asusten, no lo pudimos confirmar con nuestros propios ojos. Fue Merce (la guía) la que parecía ducha en el tema. ¿Se preguntarán por el frío? ¿Y por la carterita extraña que llevan ahí delante? Agreguen unas piedritas calientes a la ecuación y tienen su respuesta...
+ ¡País primermundista, pero tardaron 700 años en terminar una iglesia (la de St. Giles)! ¡El “monumento nacional” NUNCA LO TERMINARON!
Pela, Miguel, los han pillado los polacos.
Darío, ¿qué pasó con la Vauquita?
G
Nuestro segundo día en Edimburgo nos despertó con NIEVE y con MUCHO FRÍO. Llegó un momento donde L (por primera vez) me tuvo que decir "limpiate que te cuelgan los mocos". Es que tenía todo congelado y no sentía nada.
La primera parada fue en el Museo Nacional de Escocia. Muy al estilo british, full interactivo y boludeces de todos los colores. Los niños, chochos. L también.
En el museo, L y Dolly se hicieron amigotas. A la salida pasamos por el lugar de las penitencias. En Edimburgo, si te enganchaban robando te estacaban de una oreja y recién te dejaban libre a las 24 hs como para que toda la gente haya tenido oportunidad de identificarte. ¡Mejor destino que si te tocaba caer en una ejecución popular donde decapitaban a la gente delante del pueblo! (A falta de internet y TV por cable, ¡sí que sabían cómo divertirse!). En el ínterin, L no se cansa de "chuzmear" negocios para ver "qué hay".
La lluvia y el viento no cesaban, pero de todas maneras seguimos la recomendación de Miguel y fuimos hasta Arthur's Seat. Desde lo alto se puede tener una vista increíble de la ciudad.
En las guías dice que la vista es “breathtaking” (que te quita el aliento). Sin desmerecer a la vista, lo que fue “breathtaking” fue subir hasta ahí. Al bajar pasamos por el nuevo parlamento. ¿Hacía falta? Edimburgo, ciudad medieval, hermosa, y de golpe un parlamento hecho por un catalán, con unas cañas al mejor estilo minimalista. Ffff.
Luego, ¿por qué sentarse a tomar un café si hay más colinas para subir? L no me lo quiso contestar... Arriba a Calton Hill. Otro lugar de donde se puede tener una muy buena vista. En el lugar tienen una serie de columnas que son el inicio de un monumento griego el cual, por cuestiones presupuestarias, nunca terminaron. Hoy es monumento nacional.
También hay un observatorio por si alguna vez se da que no llueva, que no esté el cielo cubierto y que se haya cortado la luz en la ciudad (ya que al estar tan cerca de la ciudad, la luz no deja ver ni una estrella). En resumen: ¡re útil! Por lo menos me pude sacar una foto obscena con el cañón.
La bajada de la colina fue un poco más traumática. Para hacerlo más rápido decidimos tomar el camino corto por el pasto. Pero resultó ser más rápido de lo que esperaba. Agua + Pasto + Barro + Bajada = Culipatín = Cola mojada por el resto de la jornada... No dolió, pero no está bueno andar por Edimburgo con las partes mojadas cuando hace frío.
Por suerte, por la tarde nos acompañó un poco el sol. Ah, y los secadores de mano hacen maravillas… Para finalizar el día, paseamos por ahí, jardines, fotos en el castillo y… otra vez de compras. Esta vez fue en PRIMARK. Tengo que reconocer que había algunas cosas muy baratas. Eso sí, a L hay que llevarla como a los nenes, con esas sogas retráctiles. Yo le podría agregar algo de corriente por si nos encontramos con una de esas “Super Ofertas”.
Por la noche, hicimos uso de la cocina del hostel y nos cocinamos unas ricas pastas calentitas. La conclusión de Edimburgo… una ciudad con la que quedamos encantados y no descartamos volver en un futuro.
Les dejo algunas notas:
+ Al menos en nuestro hostel, las canillas eran independientes. Una fría (helada) y otra caliente (que te quema hasta las tarlipes). ¿Tibia? Bien, gracias...
+ La cerradura iba para el otro lado. No solo manejan al revés acá.
+ Aparte de los famosos “black cabs” (taxis negros), muchos taxis eran una especie de "minivan".
+ Contrario a la creencia popular, no todo el mundo usa polleras (¿será por el chiflete?). Eso sí: que las hay, las hay.
+ Confirmamos que debajo de la falda NO LLEVAN NADA. No se asusten, no lo pudimos confirmar con nuestros propios ojos. Fue Merce (la guía) la que parecía ducha en el tema. ¿Se preguntarán por el frío? ¿Y por la carterita extraña que llevan ahí delante? Agreguen unas piedritas calientes a la ecuación y tienen su respuesta...
+ ¡País primermundista, pero tardaron 700 años en terminar una iglesia (la de St. Giles)! ¡El “monumento nacional” NUNCA LO TERMINARON!
Pela, Miguel, los han pillado los polacos.
Darío, ¿qué pasó con la Vauquita?
G
Nieve en Edimburgo:

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