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La noche de anoche, cuando llegamos a Edimburgo, llovía bastante y tuvimos la primera pelea. G quería, con lluvia y todo, caminar las 20 cuadras hasta el hostel, sin mapa, noche cerrada y con 15 kg cada uno en la espalda. Tras 30 min de discusión, gané yo y nos tomamos un maravilloso taxi escocés que no nos cagó, a diferencia del de Dublín. Enojados el uno con el otro, nos fuimos a dormir.
Edimburgo nos recibió sin sol pero sin lluvia y emprendimos nuestro recorrido haciendo uso del tour de los de camiseta roja. Merce, nuestra guía barcelonense, nos paseó por los lugares más importantes y nos llenó de historias… asesinos, profanadores de tumbas y principalmente sobre fantasmas y brujas que se cree vagan por las calles de la ciudad.
La ciudad nos impresionó por su arquitectura gótica que parece salida de un cuento de princesas.
Una de las calles más lindas fue Victoria St, que por una ordenanza debe tener sus casas pintadas de colores. Sin embargo, este era el escenario de ciertos asesinos que luego les relataremos. En el cementerio Greyfriars Kirkyard, Merce hizo tanto hincapié en los espíritus (especialmente en el de George Mackenzie, "Bloody", que se dice causa rasguños a quienes entran en contacto con él) que nos decidió a comprar el tour de fantasmas para esa noche.
Aprendimos también que en esta ciudad las iglesias no son iglesias: podés encontrar cualquier cosa dentro, desde un teatro hasta un bar… todo por culpa de los ingleses que las “regalaron” cuando impusieron el protestantismo. Desde lo lejos y terminando el recorrido, vimos el castillo de Edimburgo (era demasiado caro y nadie lo recomendaba).
Ya solitos, recorrimos la New Town (del otro lado de los jardines que se ven a los pies del castillo) que data de 1800. ¡Sí, ciudad nueva de 1800! El casco histórico es la Old Town, obviamente más vieja, pero entre tanta batalla e intento de conquista no podemos decir bien de cuándo es. En la New Town está el monumento a Scott, en honor a Sir Walter Scott, famoso escritor escocés, desde el cual se tienen unas vistas de la ciudad hermosas por pocos pounds.
Por la tarde, estuvimos de compras… la verdad es que se nos complicaba qué regalarle a Carlos, así que nos decidimos por el regalo más escocés que puede existir. Después enviaremos la foto con Carlitos desfilándolo.
A la noche, nos abrigamos muchooooo (de hecho, tanto que la pasamos mal) para nuestro tour de fantasmas. Antes sí, pasé a tocarle el dedo gordo a Hume, famoso filósofo escocés, ya que al parecer hay que tocar el dedo de su estatua para tener suerte… la verdad es que nos desilusionó un poco el recorrido.
Lo bueno fue que en grupo sí me animé a entrar en los cementerios de noche donde dicen que ocurren “cosas”… a nosotros por suerte no nos ocurrió nada. Punto a favor: la cerveza gratarola que venía al finalizar el tour (ya teníamos síndrome de abstinencia jejeje). A medianoche empezó a llover bastante fuerte, así que llegamos al hostel (por cierto, uno de los más lindos hostels a los que fuimos, paso la data: Argyle Backpackers) empapados y borrachines.
Besos
La noche de anoche, cuando llegamos a Edimburgo, llovía bastante y tuvimos la primera pelea. G quería, con lluvia y todo, caminar las 20 cuadras hasta el hostel, sin mapa, noche cerrada y con 15 kg cada uno en la espalda. Tras 30 min de discusión, gané yo y nos tomamos un maravilloso taxi escocés que no nos cagó, a diferencia del de Dublín. Enojados el uno con el otro, nos fuimos a dormir.
Edimburgo nos recibió sin sol pero sin lluvia y emprendimos nuestro recorrido haciendo uso del tour de los de camiseta roja. Merce, nuestra guía barcelonense, nos paseó por los lugares más importantes y nos llenó de historias… asesinos, profanadores de tumbas y principalmente sobre fantasmas y brujas que se cree vagan por las calles de la ciudad.
La ciudad nos impresionó por su arquitectura gótica que parece salida de un cuento de princesas.
Una de las calles más lindas fue Victoria St, que por una ordenanza debe tener sus casas pintadas de colores. Sin embargo, este era el escenario de ciertos asesinos que luego les relataremos. En el cementerio Greyfriars Kirkyard, Merce hizo tanto hincapié en los espíritus (especialmente en el de George Mackenzie, "Bloody", que se dice causa rasguños a quienes entran en contacto con él) que nos decidió a comprar el tour de fantasmas para esa noche.
Aprendimos también que en esta ciudad las iglesias no son iglesias: podés encontrar cualquier cosa dentro, desde un teatro hasta un bar… todo por culpa de los ingleses que las “regalaron” cuando impusieron el protestantismo. Desde lo lejos y terminando el recorrido, vimos el castillo de Edimburgo (era demasiado caro y nadie lo recomendaba).
Ya solitos, recorrimos la New Town (del otro lado de los jardines que se ven a los pies del castillo) que data de 1800. ¡Sí, ciudad nueva de 1800! El casco histórico es la Old Town, obviamente más vieja, pero entre tanta batalla e intento de conquista no podemos decir bien de cuándo es. En la New Town está el monumento a Scott, en honor a Sir Walter Scott, famoso escritor escocés, desde el cual se tienen unas vistas de la ciudad hermosas por pocos pounds.
Por la tarde, estuvimos de compras… la verdad es que se nos complicaba qué regalarle a Carlos, así que nos decidimos por el regalo más escocés que puede existir. Después enviaremos la foto con Carlitos desfilándolo.
A la noche, nos abrigamos muchooooo (de hecho, tanto que la pasamos mal) para nuestro tour de fantasmas. Antes sí, pasé a tocarle el dedo gordo a Hume, famoso filósofo escocés, ya que al parecer hay que tocar el dedo de su estatua para tener suerte… la verdad es que nos desilusionó un poco el recorrido.
Lo bueno fue que en grupo sí me animé a entrar en los cementerios de noche donde dicen que ocurren “cosas”… a nosotros por suerte no nos ocurrió nada. Punto a favor: la cerveza gratarola que venía al finalizar el tour (ya teníamos síndrome de abstinencia jejeje). A medianoche empezó a llover bastante fuerte, así que llegamos al hostel (por cierto, uno de los más lindos hostels a los que fuimos, paso la data: Argyle Backpackers) empapados y borrachines.
Besos
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